Se
entiende por contaminación
del medio hídrico o contaminación del
agua a
la acción o al efecto de introducir algún material o inducir condiciones sobre
el agua que, de modo directo o indirecto, impliquen una alteración perjudicial
de su calidad en relación a sus usos posteriores o sus servicios ambientales.
Principales contaminantes de las aguas
Según
la OMS (Organización
Mundial de la Salud) el agua está contaminada cuando su composición se haya
alterado de modo que no reúna las condiciones necesarias para ser utilizada
beneficiosamente en el consumo del organo y de los animales. En los cursos de
agua, los microorganismos descomponedores mantienen siempre igual el nivel de
concentración de las diferentes sustancias que puedan estar disueltas en el
medio. Este proceso se denomina auto
depuración del agua. Cuando la cantidad de
contaminantes es excesiva, la autodepuración resulta imposible.
Los
mares son un sumidero. De forma constante, grandes cantidades de fangos y otros
materiales, arrastrados desde tierra, se vierten en los océanos. Hoy en día,
sin embargo, a los aportes naturales se añaden cantidades cada vez mayores de
desechos generados por nuestras sociedades, especialmente aguas residuales
cargadas de contaminantes químicos y de productos de desecho procedentes de la
industria, la agricultura y la actividad doméstica, pero también de residuos
radiactivos y de otros tipos.
En
realidad, los océanos operan como gigantescas plantas carnívoras , a condición
de no superar el umbral de lo que pueden tolerar. De lo contrario, se generan
destrucción y muerte de las personas, e inconvenientes económicos y
envenenamientos de la población humana. Esto, a corto plazo. A largo plazo, las
consecuencias podrían ser catastróficas. Basta pensar únicamente en los efectos
que la contaminación biológica –como consecuencia del incremento de
fertilizantes- podría acarrear si la proliferación de formas microscópicas
fuera tan grande que se redujera significativamente el nivel de oxigeno
disuelto en el agua oceánica.
La contaminación tiende a concentrarse en los lugares próximos a las zonas habitadas e industrializadas. Así, la contaminación marina de origen atmosférico es, en determinadas zonas adyacentes a Europa (Báltico, mar del Norte, Mediterráneo), por termino general, diez veces mayor que mar adentro, en el propio Atlántico norte; cien veces superior que en el Pacífico norte y mil veces más elevada que en el Pacífico sur. Sin embargo, y como consecuencia de la circulación general de los aires y de las aguas, cada año se detectan nuevos contaminantes en zonas tan apartadas como la Antártida –se ha encontrado DDT en la grasa de los pingüinos antárticos- o las fosas oceánicas.
La
contaminación del medio marino provocada por el hombre es muy superior a la
atribuible a causas naturales. Las tasas de aporte de algunos elementos son
elocuentes: el mercurio llega al océano a un ritmo dos veces y media superior
al que seria debido únicamente a factores naturales; el manganeso multiplica
por cuatro dicho ritmo natural; el cobre, el plomo y el cinc por doce; el
antimonio por treinta y el fósforo por ochenta.
Algunos
de los metales pesados, como el mercurio y el plomo, junto con el cadmio y el
arsénico, son contaminantes graves, pues penetran en las cadenas alimentarias
marinas, y, a través de ellas, se concentran. Así, por ejemplo, la enfermedad de Minamata –descubierta en
los años 20 en la bahía japonesa de mismo nombre- ha provocado, en Japón y en
Indonesia, miles de muertes y un número mucho mayor de enfermos con lesiones
cerebrales. La causa que la produjo fue el consumo de atún y otros peces con
contenidos elevados de mercurio procedente de los vertidos industriales de
aquella zona costera. Igualmente, productos químicos como el DDT y los PCB son
otros contaminantes químicos muy peligrosos.

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